martes, 22 de enero de 2013

“¿Cómo se llama tu mujer?”


Lo sé, llevo tiempo sin escribir. Hace ya varios días me pasó algo curioso que me sirvió para aprender un poco más sobre la cultura afgana.
Estaba en la oficina charlando con mis compañeros (todos ellos son afganos) y de repente le pregunté a Mohsen: ¿Cómo se llama tu mujer?. No os puedo describir la cara que puso, pero os aseguro que parecía que hubiese cometido un delito, casi como si hubiese escondido 22 millones de euros en Suiza.
Antes de seguir con la historia quiero aclarar que sí, soy un cotilla, pero yo no hubiese hecho esa pregunta si él nunca me hubiese hablado de su mujer. Y también he de decir que había confianza suficiente como para preguntarle por el nombre de su mujer. Pero parece que aquí esto no es suficiente. Voy a intentar explicar la historia, aunque es tan surrealista que a veces cuesta entenderla.
Mohsen y yo somos buenos amigos, él me ha ayudado mucho desde que he llegado aquí y para él yo soy su “amigo” (le he enseñado a decir esto en español, jajaja).  Cuando le pregunté por el nombre de su mujer parecía que me iba a pegar, y de no ser por mi nacionalidad, seguramente lo hubiese hecho. Todos comprendieron que yo desconocía que eso era meterse en la vida privada de las personas y que en muchas familias afganas para “proteger” a la mujer, no se revela su nombre. Lo sé, suena absurdo, pero es así. Mohsen hacía unos días me había explicado que ella estaba estudiando derecho y que es la prima de uno de los operadores de cámara de la redacción, así que pensé que no habría ningún problema en saber su nombre, pero al parecer sí que lo hay.
A Mohsen quizás lo recordáis por el post sobre McDonalds
Al querer saber más sobre el tema supe por ejemplo que uno de los operadores de cámara había ido a la boda de uno de los redactores de la oficina y que no sabia cuál era el nombre de su mujer. ¿Os imagináis ir a una boda y no poder dirigirte a la novia para felicitarla? Se ve que en las invitaciones sólo ponen el apellido de ella.
Pues bien su teoría es que han de proteger tanto a la mujer, que es por este motivo que no dicen nunca cual es su nombre y es por esto también que van tan tapadas con velos y/o burkas… para protegerlas.
Ese día me explicaron tantas cosas que no comprendía, que me resulta muy difícil plasmarlas aquí. Pero os diré que al preguntarles por qué debían ir tan tapadas, me dijeron que habían varios motivos y atención… uno de ellos era para protegerlas de los rayos UVA, jajaja. No pude evitar reírme y decirles: ¿Y vosotros qué, no os tenéis que cubrir para protegeros de los rayos UVA?. Después de eso vino esta frase: No, es que ellas son más débiles porque cada mes pierden mucha sangre (por la menstruación).

Otro día contaré más cosas de las que me dijeron y que me quedé a cuadros, pero ahora para contrastar un poco os contaré la historia de una mujer afgana. Ella no es una afgana cualquiera, su marido es muy liberal y ella también. Ella, llamémosla Isabel, ha viajado sola sin problema por diferentes lugares del mundo y sin tener que pedirle permiso a su marido. Isabel tiene Facebook, algo casi inimaginable en Afganistán. Isabel habla inglés y sabe muchas cosas de la vida occidental. Pero… ¿Verdad que si os digo que Isabel lleva burka os sorprende? Pues así es, ella lleva burka, y su marido no tiene nada que ver en esta decisión, incluso creo que él preferiría que no lo llevase. La historia es la siguiente: Cuando Isabel era pequeña, ella veía como las mujeres adultas de su pueblo llevaban burka. Para ella llevar burka significaba ser mayor, haber madurado. Así que su sueño era poder llevar el burka para sentirse mayor. Ahora no se lo quita, ya que si lo hiciera toda la gente de su pueblo cuchichearía sobre el motivo por el que ha decidido quitárselo y eso afectaría al honor de toda su familia. Pero Isabel ya ha decidido que si se muda a vivir con su marido a Kabul, lo primero que va a hacer al llegar será quitarse el burka, ya que aquí en la ciudad nadie la conoce y no saben si antes llevaba burka o no.
Yo sigo queriendo muchísimo a Mohsen y desde entonces intento evitar hablar sobre su mujer, aunque al ser periodista/cotilla siempre se me escapa alguna preguntita, jajaja. 

miércoles, 9 de enero de 2013

Afghan Star


No se podían hacer fotos allí, así que hice fotos cuando lo emitieron en la TV
El otro día fui a la versión afgana de Operación Triunfo (American Idol) y la verdad es que fue toda una experiencia. Hace unos seis años, si mal no recuerdo, fui de público a la versión española, así que puedo hacer una comparativa más detallada. El espacio que ocupa Afghan Star no llega ni a una 1/5 parte del plató de OT, pero seguramente el presupuesto de los afganos va acorde con la dimensión.
Yo fui con mi compañera de piso. Para ella era muy excitante poder ver un programa así en Afganistán. Ella trabaja para una especie de ONG y tiene muy limitados sus movimientos por la ciudad, así que su conductor sólo la puede dejar en lugares considerados seguros. Por suerte el programa se graba en el recinto de una ONG (si no creo que igualmente ella se hubiera escapado para poder ver esto).
Hay que decir que como mi amigo trabaja en la cadena de televisión que emite este programa, nosotros ya teníamos reservados unos asientos en la tercera fila. Pero lo que me sorprendió es que todo el público era masculino. Únicamente había 9 mujeres y las habían colocado en las dos primeras filas. Cuando uno acude a este tipo de programas principalmente suele encontrarse a un público femenino mayoritario y que, además, chilla sin control. En este caso los chillidos estaban allí presentes, pero ninguno provenía de una mujer. Algunas de ellas llevaban, a parte del velo, gafas de sol, pero no lo hacían como Risto Mejide para poder ver, sino que era para que no las reconocieran. Junto a las 9 mujeres (más mi compañera de piso) había unos cuantos niños, algo impensable en España donde está prohibido que los menores aparezcan en televisión en este tipo de programas.
Dos concursantes de Afghan Star
Cuando estaba analizando la situación, de repente el chico que se sentaba a mi lado me empezó a hablar en español. Mira que aquí es difícil encontrar a alguien que hable nuestro idioma, pero va y justo me sentaron al lado de uno de los interpretes de los soldados españoles destinados en Afganistán. Él fue mi traductor durante todo el programa, aunque he de decir que no sé cómo se entiende con los militares, ya que muy bien no habla. De todos modos, gracias por el intento.
El espectáculo iba a empezar y los hombres empezaban a chillar cual chiquilla de quince años que se cruza con Justin Bieber. El interprete (prefiero no decir su nombre) me dice: Esto es como una discoteca de las vuestras, ¿no?. Yo me quedo a cuadros y no sé que decirle.  
Entran los concursantes y veo que sólo quedan 2 chicas y 8 chicos. Aunque no es de extrañar ya que en la cultura afgana no está bien visto que las mujeres canten.
Yo sigo sentado junto al interprete y mi compañera de piso. Nuestras sillas son las típicas sacadas de un restaurante chino de Barcelona. A todas estas él me pregunta: ¿Tu mujer también es española?.
Pues bien, la que él cree que es mi mujer tiene 34 años (yo tengo 22) y es de Austria. Obviamente no estamos casados.
Llegan los jueces: 3 hombres y una mujer… pero qué mujer. Me quedo impactado ya que la única juez del programa es una mujer que no lleva velo. En Afganistán todas las mujeres llevan como mínimo velo, incluso las extranjeras para no tener problemas. Pero ella era una afgana que salía en la tele y que había decidido no llevarlo. Obviamente al acaba el programa me fui directo a hablar con ella y me contó que ella llevaba 35 años viviendo en EEUU y que provenía de una familia muy famosa en Afganistán que siempre se había dedicado a la música y que ella nunca había ido tapada. No sé muchos más sobre esta mujer, pero me dio su número para quedar un día para hablar, así que ya os contaré.
Zaland, la única mujer del jurado y que no lleva velo
Pues bien entre los jueces teníamos también a la versión afgana de Risto Mejide. Sus gafas no eran de sol y aunque no entendía lo que decía, estoy seguro que el Risto afgano no usaba el consolador como silogismo para hablar de cómo cantan los concursantes. Si lo hiciera creo que obligaban a cerrar la cadena de televisión.
El Risto Mejide adfgano
El vestuario es entre friki y arreglado, un poco como en Operación Triunfo.
El momento más impactante fue cuando salieron a cantar las dos únicas concursantes femeninas. Una de ellas lo hico al final del programa y la grada se volvió loca. Parecía que no habían visto a una mujer en su vida. Llega a aparecer Shakira con sus movimientos de curvas y tenemos que avisar a las fuerzas internacionales para que intervengan.
Una de las dos chicas que quedan en el concurso
Cuando la chica acabó de cantar, muchos de los hombre del público decidieron abandonar el plató como si la función ya se hubiese acabado. Suerte que era un programa grabado, ya que si no también hubiese salido la pelea que hubo a mitad de la grabación y por la que tuvieron que mover de sitio a varios hombres del público.
Obviamente luego los concursantes no conviven en una casa ni se les graba discutiendo, pero fue muy interesante ver este programa en Afganistán donde nunca me hubiese imaginado que lo harían.

viernes, 4 de enero de 2013

Reflexionemos


Hace días que quería hacer una reflexión conjunta con vosotros sobre varias cosas que he visto, he vivido o me han enseñado aquí. Para empezar quiero que miréis las siguientes fotos y penséis: ¿Dónde es esto?



Podrían ser perfectamente fotos de la España de los 50 y los 60, pero no. Se trata de fotos de esa misma época en Afganistán y las mujeres que aparecen allí son afganas, nada de turistas que vienen de visita. Así que la imagen que siempre hemos tenido de las mujeres afganas con burka no siempre ha sido así, la pregunta es: ¿Puede volver a ser así? ¿Quieren volver a ser así? Yo no voy a intentar responder a estas preguntas, no soy nadie para hacerlo. Simplemente pretendo que todos reflexionemos con este post un poco y pensemos un poco sin tener que llegar a una verdad absoluta de las cosas pero si planteándonos muchas cosas.

Hace unas semanas un chico entró en una escuela de EEUU y mató a varios niños. Nadie dijo que fuera un terrorista. Siempre se dijo que era un enfermo. Algo parecido ocurrió cuando hace dos veranos hubo la matanza de Utoya. Pues bien, a raíz de esto un afgano me preguntó: ¿Y si el chico que disparo en la escuela de Newtown fuera musulmán? ¿Diríais que es un enfermo o que es un terrorista?. La verdad es que me hizo pensar mucho. Tuve mis dudas, ya que yo le dije que no es lo mismo que alguien viaje de un país a otro para matar a cierta gente motivado por la religión que lo haga en su propio país y a su misma gente. Aunque creo que es bueno reflexionar sobre esto, ya que involuntariamente muchas veces tendemos a pensar en lo que él me dijo.

Quien me tiene en Facebook y me sigue en Twitter quizás ya sabrá lo que me hicieron los compañeros de trabajo el día de Navidad, pero para los que no lo vieron os lo explico por aquí y con más cosas.
Cuando muchos de vosotros os estabais atiborrando de comida con vuestras respectivas familias, yo estaba en la oficina de Kabul trabajando. Aproveché que no tenia mucho trabajo por la tarde para hacer Skype con mi familia mientras ellos comían (la verdad es que fue un poco masoquista, ya que ver la comida que ellos tenían y saber que mi gran manjar había sido como casi cada día arroz con algo). Mientras hacía Skype  me llamó un cámara y me preguntó hasta cuando estaría en la oficina (ya era tarde… casi las 20:00) y le dije que un rato más hasta acabar “la comida” con mi familia. Pues bien, los compañeros de trabajo me habían visto hablar con la familia y se habían dado cuenta de que era el día de Navidad (todos mis compañeros de trabajo son musulmanes). Les supo mal que no pudiera celebrar la Navidad con mi familia así que me prepararon una pequeña sorpresa con bengalas y todo.
Todo esto lo cuento porque durante estos días que he estado aquí trabajando cada día con los afganos me he dado cuenta de que a menudo juzgamos muy fácilmente a los considerados “otros” y muchas veces no es que no equivoquemos, es que muchas veces ellos son mucho mejores personas que nosotros. Esta gente ha hecho tanto por mi que creo que nadie que yo conozco lo hubiese hecho. Siempre que he necesitado algo me han buscado una solución. Me han llevado por la ruta de los ministerios para conseguir el permiso de trabajo (1 vez en el Ministerio de Asuntos Exteriores, 2 veces en el Ministerio del Interior y 4 veces en el de Educación), me han acompañado a buscar lo que necesitaba para mi casa y siempre me dicen que “You are our guest”. En definitiva, que sinceramente yo creo que un afgano viene a Barcelona a trabajar a una oficina donde estamos todo de españoles y no le ayudamos ni la mitad de lo que me han ayudado a mi.
(Sé que el post de hoy está siendo largo pero es que han sido muchos días sin escribir)
Algunas de las cosas que me dieron
Mojtaba y yo 
Algunos de los compañeros de la oficina
También os contaré que fui a una fiesta en la que estaban varios trabajadores de ToloNews, la cadena de televisión más importante de Afganistán. Lo gracioso del asunto es que muchos de los que estaban allí eran presentadores de televisión famosos. Estaba el presentador de la versión afgana de Jackass, el de la versión de El precio justo, el presentador de informativos, el presentador de la versión afgana de Operación Triunfo (mi próximo post irá sobre mi visita a este programa),… La reflexión aquí está en que a menudo idealizamos a las personas por el simple hecho de salir en la TV y en definitiva son simplemente seres humanos. Para mi la gente de esta fiesta no eran más que afganos, no sabía quién era “famoso” y quién no. Pero a todo esto me sorprendió que muchos de ellos le dijeron a mi amigo que si yo tenía algún problema en Afganistán que los llamase que ellos lo solucionarían. ¿Os imagináis que un afgano llega a Madrid, va a una fiesta donde está Matías Prats & company y le dicen esto?

Pues eso… que a veces hemos de para y pensar un poco en los prejuicios que tenemos, en que nos creemos los más generosos por donar dinero cuando en verdad la generosidad no se mide por la cantidad monetaria y que no todo es o negro o blanco, hemos de intentar no generalizar tanto.